Enfoques

ES UNA FORMA DE VER LAS COSAS O
LAS IDEAS Y, EN CONSECUENCIA, TAMBIÉN DE TRATAR LOS PROBLEMAS RELATIVOS A ELLAS".

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Este articulo fue publicado en "Vida Rotaria".

Fernando Romero Carranza

EL ÚLTIMO RESERO, UNA EXPERIENCIA PERSONAL
El gaucho , al que hemos visto naciendo y viviendo en la pampa sin límites , sin
ocupación fija, sin patrón y sin compromisos, libre como el viento “errante donde la suerte
lo lleve “ como cantó Martín Fierro, empezó a sufrir su ocaso cuando el campo se
subdividió y se alambró , cuando el ganado cimarrón fué mestizado, cuando el ferrocarril
sustituyo a la carreta, cuando finalmente debió conchabarse como peón en las modernas
estancias .
A pesar de ello el gaucho pudo conservar algo de su libertad cuando se convirtió en
“resero”, tarea de arrear reses desde ferias y estancias a los mercados, en especial a los
Corrales Viejos de Buenos Aires, no ya fijando su propia ruta a través del campo abierto,
sino siguiendo la senda que le imponían los caminos y callejones . que los nuevos
alambrados delineaban..
El progreso le había dejado solo una mínima parte del horizonte perdido , al que apenas se
divisaba en el fondo de esos callejones, pero para ese gaucho convertido en resero, esta
vida le era suficiente, porque podía conservar su actividad bajo el cielo, su unión con los
caballos y el ganado , y mantener independiente su entrañable espíritu campero.
Si bien Guiraldes en la dedicatoria de Don Segundo Sombra , se dirige los gauchos , su
personaje ya no lo era, aunque mantenïa su espíritu gauchesco , porque los personajes de
su novela son en realidad estrictamente “reseros”
Hace ya muchos años en mi juventud, viví un episodio cuya imagen ha quedado grabada
en mi memoria, como cicatriz imborrable del final de la era del gaucho y de su pasaje a su
último oficio, el de resero, episodio que refleja la sencilla pero profunda filosofía de ese
personaje campero bonaerense .
Don Paz Navarreta era un viejo y curtido resero que aún cerca de los ochenta años
tropeaba por el camino real entre la feria de Arrecifes y San Pedro, lo conocían como “el
gaucho de los tobianos “ , por la tropilla de tobianos colorados que montaba…
Lo veía siempre pasar con una tropa por delante en ese camino, y en una ocasión, en un
tranquilo y caluroso atardecer de verano se detuvo a la vera de la tranquera de entrada de
nuestro campo, para cambiar de montado, y me arrimé a conversarlo, porque influído por
las lecturas de Hernández y Guiraldes, pensaba con mis pocos años , en las románticas
crónicas de las aventuras de los reseros y los relatos de sucedidos que su larga vida y su
experiencia campera me deparaban.
-Usted habrá tropeado mucho-, le pregunté después de saludarlo,- habrá conocido muchas
estancias, andado por muchos campos y caminos y tendrá muchas historias que contar-
“Mire, no crea, me dijo, yo solo conozco las ferias, los callejones y la cola de las vacas,
salir para andar pero siempre para llegar”..

“En el año diez me fuí pa´ los Corrales, porque pagaban trece pesos, pero estaba encerrado
y mis montados también, eso no era para mí, y me volví a las ferias y a los callejones, y
aquí me tiene”.
No dijo nada más, montó ágilmente su caballo al que ya había cinchado mientras
conversaba, apretó los talones, rozó el anca del montado con la lonja del rebenque, y su
imagen se fue perdiendo al galope corto por el camino real, porque ya se le hacía tarde.
Escuché por un rato el alegre tañido del cencerro de la madrina de su tropilla , que el
viento caliente del norte me traía en alternadas ráfagas, como lejanos acordes de una
música campera ,.que mientras la luz de la tarde iba desapareciendo, acompañaban aquella
imagen que a la distancia se iba borrando, la imagen del último resero….
Fernando Romero Carranza…